miércoles, 26 de julio de 2023

Rosa Montero y los descubrimientos sobre la locura en “El Peligro de estar cuerda”

Leí a Rosa Montero después de haberla escuchado en una entrevista. Me pareció muy locuaz su manera de ver la vida. Cuando estaba buscando el libro que compraría me decidí por “El peligro de estar cuerda”. “La buena suerte” y “La ridícula idea de no volver a verte” hacen parte desde ya de la pila de libros pendientes por leer, lo que me encanta. Algunas de las motivaciones del día a día son esas lecturas que me esperan, los cuentos que se tejen en la imaginación y los pasos por dar. Me decanté por “El peligro de estar cuerda” porque quería escuchar su voz sincera en torno a la locura. Vaya sorpresa con la que me encontré y no era para más, Rosa Montero lleva muchos años escribiendo y lo que sale de su cabeza y traducen sus dedos es el producto de un trabajo muy concienzudo. Mientras la leía, pasaba por un momento en el que hice cosas que no imaginé nunca y me preguntaba si la reacción que tuve por rabia, dolor y decepción, eran por fin, los síntomas de la locura que he sentido desde siempre y que desde la razón he tratado de moldear. 

En las 358 páginas que tiene la versión que compré, está capitulo a capitulo las razones que Montero encontró, en el mundo de los artistas y la creatividad, que explican lo que hace una cabeza con alteraciones en el cableado como lo llama ella basado en biólogos y científicos en la vida de estas personas. En primera instancia, reconoce los problemas no diagnosticados, pero si psicoanalizados que la han acompañado toda la vida y que le han servido para nutrir su vida de imaginación y de historias por escribir. También hace una amplia revisión de los escritores que vivieron y murieron por o con depresión, ansiedad, esquizofrenia, trastorno afectivo bipolar, consumo de sustancias psicoactivas y otros trastornos muy comunes ahora. Resulta fascinante por el hecho de las maravillas obras que dejaron estos escritores a pesar o por estas condiciones y a la vez resulta también desesperanzador ¿será una condición obligatoria padecer alguna de estas “anomalías” para escribir algo bueno o medianamente leíble? No tengo respuesta para ello. 

Lo cierto es que hay un montón de evidencia, basada en la vida de los otros, por las cuales la creatividad en un escritor, en este caso, se fundamenta en ser diferentes. Eso sí que resulta esperanzador, estar dentro del montón no ha sido nunca mi intención. Durante todo el tiempo Montero habla sobre su proceso de escribir y eso, como siempre, es un tesoro para los que consideramos que un día sin una palabra escrita, es un día perdido. Le da la razón a Jame Frame cuando ella dijo que su vida había sido muy afortunada por tener a la escritura a pesar de que pasó por épocas terribles. Fue mal diagnosticada con esquizofrenia y sobrevivió a los electrochoques sin anestesia como lo hacían antes. Ahora son llamados Terapia electroconvulsiva, pero se hacen con sedación y anestesia. Tenía toda la razón dice Rosa, con la escritura se tiene todo, es el premio por llevar este desarreglo en la cabeza. 

A pesar de que yo no he estado del todo bien, este libro me ha devuelto la energía para escribir una entrada en este blog. Ustedes, mis lectores, sabrán que solo dejo acá banderitas. Dejo marcas de las cosas que están pasando por mi vida. A lo largo de todos estos años en los que me han leído se han enterado por pedazos de lo que pasa por esta cabeza testaruda, ahora en esta nueva época y como está de moda, hay una versión de mi en deconstrucción. He encontrado características que, a pesar de no definirme y que no me dejan bien parada ante la sociedad que siempre busca moldes y meter a todos en un saco como producción en masa, no me avergüenzo de ellas y sí, es necesario escudriñar lo que hay dentro, lo que me mueve. ¿A caso no es eso lo que busco siempre con la escritura? Parece que no ha sido suficiente y supongo que no lo será nunca.

Tengo muchas cosas por decir y las diré con el paso del tiempo. Al fin y al cabo esto no es una carrera o ¿sí?



domingo, 9 de abril de 2023

Volver la vista atrás, de Juan Gabriel Vásquez: cuando la revolución la llevamos dentro.

Batallas internas y la experiencia de una familia marcada por el panorama político, alimentan la vida de Sergio Cabrera, uno de los directores de cine y televisión más conocidos de Colombia. 

En la novela biográfica Volver la vista atrás, el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, durante 457 páginas hace un recorrido por la vida del filósofo, director de cine, guionista y productor colombiano Sergio Fausto Cabrera Cárdenas. Este recorrido, como es de esperar, no solo abarca la vida personal del cineasta, sino la de su padre, Fausto Cabrera, un español exiliado en Colombia. La experiencia de vida de Fausto al huir de España en medio de la Guerra Civil Española, lo que vivió antes de llegar al país y sus ideales artísticos y políticos marcaron toda la existencia de Sergio, así como la de Marianella, su hermana. 

En los veinte capítulos contenidos en las tres partes de la novela, mientras se conocen los detalles de la vida del director de la 'Estrategia del Caracol', Juan Gabriel Vásquez, con una aparente sencillez, toma de la mano a sus lectores y los conduce, con una conexión casi imperceptible, a cada uno de los hechos históricos que marcaron su vida y la del mundo.  La gran obsesión de Vásquez como novelista es mostrar “cómo la fuerza de la historia se lleva por delante la vida de los individuos” y eso es lo que le pasa a Sergio Cabrera. 

En la novela, se conocen detalles de personas que participaron en la Guerra Civil Española, la Guerra Civil China, la llegada al poder de Fidel en Cuba, la disolución de la Unión Soviética, la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, la llegada de la televisión al país y la guerra que nos marcaría a todos los colombianos y de la cual, al igual que el escritor, nos ha hecho vivir en un país siempre en guerra. 

El escritor colombiano ha declarado que es “hijo de una serie de situaciones transitorias que se han quedado para siempre o que no han sabido salir de un círculo que se autoalimenta, como las circunstancias de la violencia en Colombia”, tal vez por eso es que le interesa hablar del director de cine. Cuando lo conoció, se dio cuenta, con los escasos rastros que la timidez de Cabrera le permitía, que en su pasado existían cosas fascinantes: una adolescencia en la China maoísta, un adolescente como guardia rojo en ese país, su entrada a la guerrilla maoísta colombiana en el llamado EPL en el que estuvo de cerca a la muerte y el miedo, no para hacerlo cobarde, lo acompañó durante su militancia. La posterior deserción, liderada por su madre y el rumbo que tomaría después, hizo que, de su interior, saliera la verdadera revolución, una que se revela en las últimas páginas de la novela. 

Volver la vista atrás surge como una petición del cineasta al novelista para escribir una película sobre esta China. La película no se realizó, pero sí dejó esta hermosa novela en la que el autor encuentra la forma de mostrarle a sus lectores ese lugar mítico que en la época representaba China para los países latinoamericanos, abriendo un espacio para que quien lee se ubique en medio de la historia reciente y entienda ese misticismo e interés que significó China para el resto del mundo, siendo esta la principal razón por la cual Fausto Cabrera decidió llevar a sus dos hijos adolescentes y sembrar en ellos las causas de la revolución. 

El también autor de “El ruido de las cosas al caer” no nos sorprende con esta obra, al contrario, muestra una vez más su consolidación como uno de los escritores de habla hispana más pulcros y estudiosos. Hay en su obra un detalle de la historia reciente, una demostración de investigación y maestría al unir los hechos que le ocurren al protagonista con su pasado, llenando al lector con información precisa e interesante de los pasos que se dieron y las fuerzas que motivaron a Sergio a convertirse en lo que es ahora. 




domingo, 26 de febrero de 2023

4018 días no son nada

Supongo que los lectores de este blog, que casi todos son mis amigos, saben que para esta fecha hablamos de mi mamá. Hoy se cumplen once años desde que murió. Once años son 4.018 días o 96.432 horas o 4.8221.600 minutos o un dolor infinito. 

El dolor no se puede medir. El vacío se puede cuantificar; lo que ya no existe, lo que no volverá a suceder, lo que ella se llevó. 

La mayoría de los recuerdos que tengo sobre ella son maravillosos. Cada imagen que regresa a mi conciencia viene acompañada de un cálido sol, el aroma de una sopa caliente o una fresca ensalada, una arepa santandereana rellena de queso asada en fogón de leña. Mi mamá era lo que se denomina el hogar. A donde quiera que iba, con quien quiera que estuviera hacía que todo fuera seguro y tranquilo.

Mi mamá también era un caldo con patacones los domingos por la mañana, era papa chorreada aquellos días que regresábamos del parque. Era empanadas de carne molida, tamales santandereanos, frijoles con plátano. Ella era sopa de carne con guineo y aguacate. Toda ella era un abrazo cálido.

Mami de mi corazón, extraño tus abrazos. Te extraño todos los días. Sé que me acompañas en todo lo que hago y que no has dejado sola. Siempre voy de tu mano. Gracias por ser la mejor mamá que Dios me pudo dar. Gracias por hacerme lo que soy. Gracias por darme la vida. Siempre estarás en mi corazón. 

 



domingo, 29 de enero de 2023

La ventana

Durante dos años he visto a través de la ventana. Me he sentado por horas enteras a imaginarme la vida que quiero, aunque la vea cada día más lejos. La ventana la he decorado con plantas, una linda persiana, flores, libros y un escritorio. Hay días en los que estoy en casa cuando el sol está naranja; el reflejo del sol al atardecer en el edificio del frente hace que nuestro apartamento se llene de un naranja intenso. Aún con todo lo hermoso que puede ser, sigue siendo la ventana de atrás. La que nadie ve. La que está oculta. 

Antes pensaba que, si miraba fijamente a través de esa ventana y veía la vida de otros, la que tal vez yo quería, podría llegar a tenerla. No es así. Ver a través de los ojos de otros me ha impedido reconocer lo que tengo en frente. No miraré más a través de la ventana de atrás. No llenaré mi cabeza con el pasado, con lo que no pudo ser. Ahora solo será que ocurre, la verdad de la vida, los hechos, los amaneceres y los atardeceres que entrarán por el frente de mi casa. 

Permitiré que entre luz y salga el miedo. La soledad estará aquí acompañándome, siempre mirando hacia adelante.  

lunes, 26 de septiembre de 2022

Actos de rebeldía que no le importan a nadie

 
Mientras escribo cada palabra transformo mundos y trazo líneas que antes no existían, le doy un trozo de vida que solo durará unas cuantas páginas a una mujer. Ella, que antes no existía ahora recorre calles y le pregunta a la gente qué debe hacer para llegar al sitio en el que encontrará su destino. Cada vez que aborda a alguien, ésta le dice una forma diferente de llegar y así, va tejiendo una ciudad enorme. No ve más allá de lo que tiene al frente, porque no le doy esa posibilidad. Solo quien le da instrucciones específicas y describe con gran detalle las calles y casas por las que debe transitar tiene en su imaginación ese mundo. 

Esa mujer, que no sabe lo que le va a pasar, con cada palabra y cada diálogo que creo en la hoja blanca, experimenta un nivel de ansiedad más alto. Sus piernas vacilan al dar cada paso, su respiración se acelera al igual que los latidos del corazón. De repente se me ocurre que debe llevar una mochila y mete la mano allí sin mirar. En el fondo, se encuentra con las llaves de la casa que no conoce y de la que salió mucho antes de dar inicio al relato. Toca también lo que parece es un monedero en el que por su peso no contiene mucho dinero o por lo menos monedas, entonces, me pregunto si esta mujer, a la que aún no le he dado voz, ojos, cara y edad, debe llevar dinero, decido qué lleva muy poco, porque aunque aún no lo sé, podrá ser el motivo que la lleve a buscar el lugar. No me quiero salir de la descripción de la mochila y me encuentro con su mano, que ahora la diviso delgada y con las uñas pintadas de negro, una pequeña libreta. Con la palma de la mano verifica que es esa la que estaba buscando y la toma. Allí debe haber algo que le diga a ella y al lector lo que va a hacer. 

 Y sí, de repente, encuentra las indicaciones que alguien, tal vez ella, aunque no es seguro, escribió indicando cada uno de los pasos que debe realizar al llegar al lugar. ¿Qué lugar? ¿será que va a atracar un banco? ¿matará a alguien?  ¿se suicidará? ¿robará un niño? ¿abortará? 

Responder de manera afirmativa a cualquiera de estas preguntas convierten a esta mujer en un ser que tiene problemas y que busca solucionarlo de una manera poco ortodoxa. Me sigo preguntando ¿a dónde la voy a llevar? y pienso que con la información que tengo no puedo darle una personalidad específica. Recuerdo a Rubiano -pobre Rubiano siempre lo referencio en los textos- cuando nos enseñó sobre la creación de personajes, pero no tengo tiempo para eso ahora, es mejor irle dando características en la medida que va andando y ahora, ella está parada en una esquina leyendo su libreta, ansiosa mira a lado y lado de la calle, nadie la sigue, o al menos ella cree eso, decide continuar a la derecha ¿y por qué no a la izquierda? Si toma esa dirección sería simbólico, pero no, como se trata de un acto de rebeldía, dobla a la derecha, de manera opuesta a lo que las otras personas le habían dicho. Antes, cuando les preguntó, no sabía para dónde iba, ahora sí lo sabe, está escrito en la libreta, soy yo la que lo desconozco, todo ahora se vuelve un dilema, porque esta mujer ya está tomando decisiones, tiene vida.
 
Lo mejor sería que ella tomara una decisión trascendental y justamente acabar con la vida que hasta hace unas dos páginas no tenía.  Ese final podría ser la forma fácil. Ella se muere. La forma en cómo llega a eso es práctica. Puede cruzar la calle mientras viene un carro o caminar sobre un puente y lanzarse. Ambas muertes serían contundentes. Decido entonces, como rebelde que soy, dejarla vivir y encontrar su destino. Camina entonces por la calle mientras el sol cae y la brisa mueve su falda y cabello largo. Lleva de la mano a su pequeña hija de 4 años.

martes, 19 de julio de 2022

No estás roto. Corazón.

Yo no tengo el Corazón roto, nadie lo ha tomado en su mano y lo ha deshecho, soy yo la que ha permitido que se abra de par en par para dar lo que tiene por dentro y cuando no recibe, se cierra. Este Corazón es duro como un roble, pero tan suave por dentro como un champiñón, igual de solo también. Nadie ha entrado totalmente a sentir la textura esponjosa y tierna que tiene. La puerta a veces se entreabre para permitirse un poco de aire y una especie de viento fresco y cálido apenas se asoma. Pero no tarda mucho en enfriarse y se vuelve frío y congela lo que hay adentro, entonces vuelve y se cierra. 

Esa puerta, a veces no quiere abrirse, se rehúsa a tener otra desilusión. A veces, el sol llega e ilumina con gran fuerza el Corazón que ahora ya es más grande y fuerte. Más viejo también. Ya no se arruga y no llora por falsas ilusiones. Sabe con certeza que este es su destino. 

Con el tiempo, Corazón se vuelve rígido y la puerta no se abre más y champiñón se seca por dentro, ya no es terso, se deshidrata de tanto silencio y soledad y líneas profundas se esparcen por todo su cuerpo. 

Ya no hay puertas que se abren, ni viento, ni sol que entre. No hay ahora, ni más tarde, suaves dedos que acarician lo que llevas por dentro. 

No estás roto. Corazón. 


lunes, 4 de julio de 2022

Ser

 Soy escritora. Me repito esto todos los días de mi vida, pero debería repetirlo y serlo también. Soy escritora cuando escribo, cuando mis dedos recorren el teclado y siento que lo que mi mente tiene envuelto en nudos se desenvuelve y se convierte en párrafos y oraciones. No soy más que una escritora novata que tiene miedo de decir lo que quiero y lo que piensa, también tiene miedo de ser juzgada y que le digan que no es buena, que lo escribe no merece la pena y ¿si lo dicen qué? ¿Qué te va a pasar Lina?

No te va a pasar nada, porque tu seguirás teniendo tus manos y tu mente para escribir y si no las tuvieras, te aseguro que encontrarás la manera de escribir y decir lo que sientes y pienses, no te de miedo de ser lo que tú eres, no tengas miedo de mostrarte como eres, porque tú puedes hacer esto y más. Te lo debes, se lo debes también a tu madre que siempre quiso verte feliz. Se lo debes a tus hijos que te aman y te extrañan y que son especialmente felices contigo porque eres una buena madre que lo da todo por ellos, se lo debes a tus hermanos que siempre han confiado en todo lo que haces, se lo debes a tu padre que te ha dejado ser libre y te ha dado todo el derecho. Se lo debes a tus amigos que creen en ti y que te impulsan cada día a escribir. Sobre todo, te lo debes a ti. A ti, que te acuestas cada día soñando con terminar tus cuentos y con dedicarte a esto. Se lo debes a esa niña de 10 años que escribía sus cartas y sus cuentos, a aquella mujer que encontró en la escritura de 90 páginas una forma de liberarse, se lo debes a la Lina del 2021 que a pesar de todo lo que se le venía encima tomó la decisión más importante de su vida, esa Lina que tenía miedo y muchos sueños, la que no podía dormir y la que se sentía desesperadamente sola y abandonada, ella que se levantaba cada día con la frente en alto y sin ninguna intención de mirar atrás. Ella se merece que tú, hoy te sientes a escribir y demostrar que, para ti, no hay otra forma de ser feliz y libre.  

Se libre Lina, libérate de ese miedo y ese bloqueo, escribe todo so que tienes en tu mente, no deseches ninguna idea, todas pueden ser una fuente potencial de historias y cuentos. Anda Lina, se una escritora de cuentos, se la mejor escritora de cuentos, se una Alice Munro, una Lucía Berlín, una Clarice Lispector, pero también se una Jorge Luis Borges o un Julio Ramon Ribeyro o un Ricardo Piglia, tal vez tengas suerte y llegues a ser una Virginia Woolf o lo mejor, se una Lina Lozano Lesmes, eso es lo que mereces.

 


martes, 5 de abril de 2022

Ensayo sobre el ensayo

 Voy a escribir sobre lo que es un ensayo o sobre lo que no es. La primera imagen que se cruza por mi pensamiento es la práctica, una rutina, algo repetitivo. Ensayar algo. Ensayemos a ver qué pasa. Practicar es un sinónimo que se me aparece.  ¿Pero es acaso el ensayo eso?  ¿Tengo la capacidad, autoridad y experiencia para hablar de algo que asomó hace un par de semanas a estos pensamientos que escasamente se entretejen en medio del caos?  No lo sé, ¿acaso quién podría hacerlo? Se los dejo a los eruditos, a los que han ensayado escribir ensayos.

El ensayo ni siquiera debe tener una forma y que tampoco debo pelear por llenar estas hojas de argumentos y citas de autores que nunca escuché. Montaigne, Adorno, Proust, Cioran, Sontag, Borges, Amara, Restrepo David y Villano pueden explicar mejor esto. De ellos he aprendido lo que en estas mil palabras trataré de expresar.

Sí, soy ignorante de la literatura y cambiar esa realidad no está dentro de mis pretensiones. Así como no está dentro de un ensayo mencionar la verdad absoluta, lo irrefutable, tampoco terminar las ideas. Dejar fluir el pensamiento puede ser una técnica para acercarse a esto.

¿Qué pasa cuando ensayo llegar a otros a través de mis palabras? Exponiendo en este caso, lo que siento, mientras escribo, ensayo, como cualquier otra cosa en mi vida, lo que tal vez resultará. ¿cómo puedo contar entonces estos sentimientos? Lo primero que se me ocurre y en este marco de ideas puede ser una segunda o tercera característica del ensayo es que éste puede ser narrativo, que a través de una historia puedo exponer mi punto de vista. Cuando era niña, tuve un sueño que me ha acompañado a lo largo de mi vida. Un perro negro grande con ojos rojos se me acerca y me dice “te voy a comer en brazas”. Recuerdo que la noche en que soñé eso por primera vez, me fui a la cama de mis papás, estaba temblando de miedo y ellos solo me abrazaban. No recuerdo por qué exactamente en aquel momento tuve ese sueño, sin embargo, al pasar el tiempo y en la medida en que este perro llega de nuevo a visitarme he podido identificar que se acerca cuando algo me angustia. El perro negro es un símbolo del miedo y llega como una premonición. En el momento en el que aparece, sé que algo me inquietará. He aprendido a vivir con eso y aunque es recurrente, en cada una de sus visitas vuelvo a sentir el mismo miedo. Ese perro negro me recuerda que estoy viva, que sigo siendo esa pequeña que busca un refugio o que tal vez necesita de otros. Esta noche me volvió a visitar. Lo ví venir tranquilo, caminando lenta y tranquilamente. Yo estaba paralizada, como siempre. El perro vuelve a decirme las mismas palabras “te voy a comer en brazas” y se va. Y no son las palabras, las que además no he comprendido, las que me dan temor, es su presencia. Por supuesto, el perro envejece conmigo, pero en el sueño sigo siendo niña. Freud podría interpretar esto de mil formas, yo me desgasté lo suficiente para tratar de entenderlo, para que no volviera y ha sido infructuoso ese camino. Uno de los avances en la interpretación de ese sueño es que el perro es un síntoma del miedo o temor a lo nuevo, a veces a lo indescifrable, tal como lo es el ensayo. 

Y es que, como dice Susan Sontag y muchos otros, …el ensayo no es un género, “ensayo” es apenas un nombre, el más sonoro de los nombres que se da a una amplia variedad de escritos[1] y en este sentido también es un ejercicio de libertad individual. El individuo como eje central, en este caso el escritor.  El que plasma a través de su individualidad algo de tal manera que lo convierte en algo colectivo, para otros. Y eso nos lleva a uno de los principales rasgos del ensayo, el “yo”. Hablar de sí mismo desde la propia vida y experiencia. Un claro ejemplo de esto, son los ensayos de Montaigne, …esto es meramente el ensayo de mis facultades naturales, y en absoluto de las adquiridas, y quien sorprenda mi ignorancia, nada hará contra mí, pues difícilmente voy a responder ante los demás de mis opiniones si no respondo de ellas ante mí, ni las miro con satisfacción.

Me surge con esto un interrogante ¿Por qué me cuesta asumir que la realidad del yo, que mi realidad, puede ser incluso la de otros? El secreto a voces que han descubierto los expertos ensayistas es identificar la forma en cómo se dice esta realidad individual. Lo ha repetido muchas veces Jaír en clase, “no es lo que digo, es la forma en cómo lo digo”.  Puedo en el ensayo lanzarme a hablar sobre cualquier tema controversial[2] pero es la forma en cómo lo digo, la que puede convertir ese tema controversial en algo interesante. Esa forma me lleva a asumir lo que digo, a tener una posición y esta debe ser contundente. Por supuesto, esa posición puede resultar un tanto egocéntrica y así tiene que ser. Es el camino de asumir y ser dueños de nuestras propias palabras. Se necesita carácter, uno bien fuerte para escribir un ensayo, así este sea sobre cualquier tema. Así el tema sea superficial o profundo, el ensayo se convierte entonces en una forma de persuadir.

Si volviera a leer este texto de nuevo, una y otra vez, podría encontrar todas las ideas sueltas, ideas inacabadas, pero es intencional dejar fluir los pensamientos y más sobre “algo” que apenas conozco. Estoy ensayando escribir un ensayo. Podría profundizar en algo puntual y escudriñar a los autores representativos, pero no lo haré. Terminaré con esto:

Para qué escribir algo profundo cuando solo nos sentimos cómodos nadando en aguas mansas.

Al final de aquel sueño lo supe. No iba por el buen camino. ¿Acaso alguien me invitó?



[1] El hijo pródigo. Susan Sontag. 

[2] Un ensayo puede tratar el tema que se quiera, en el mismo sentido en que una novela o un poema pueden hacerlo. Pero el carácter afirmativo de la voz ensayística, su ligazón directa con la opinión y con el debate de la actualizad hacen del ensayo una empresa literaria mas perecedera. Tomado de El hijo pródigo de Susan Sontag.

Búsqueda

 La incasable búsqueda de la libertad

 De la expresión más pura y franca de libertad

 De aquella situación ideal en la que las decisiones no se cuestionen más que por el fin último

 No ha sido posible para mi. 

lunes, 7 de septiembre de 2020

El profe Gordillo

Hoy nos han informado que Gordillo ha muerto. Siento un profundo dolor. La muerte de alguien cercano siempre duele. Y duele, porque un ser tan excepcional se ha ido. Gordillo más que un profesor fue un maestro, en el sentido estricto y amplio de la palabra. No todos pueden llegar a serlo. Creo que enseñar lo pueden hacer muchos, pero abrir la mente de los estudiantes y mostrarles que hay todo un mundo que vivir, que soñar y metas por lograr, eso no todos lo pueden hacer. 

Gordillo fue el padre de mi mejor amiga, el de mis mejores amigos. Los motivó a ser lo que hoy son, hombres y mujeres que lucharon por sus sueños y por sus ideales. Y no solo estoy hablando de Karen, Juan David y Carolina, hablo de todos los estudiantes del Colegio Nacional que fuimos sus alumnos. A él lo recuerdo como un hombre fuerte, decidido. Lo ví pasar por mi casa en bicicleta, en carro. Lo ví usar una panela de celular. También lo vi tirando piedra en Cartagena, defendiendo sus pensamientos e ideales, mostrándonos lo consecuente que debemos ser, entre lo que pensamos,  hablamos y lo que hacemos, eso nos convierte en lo que somos. 

Se ha ido mi profesor de matemáticas, el que me enseñó a mostrar todo el procedimiento antes de llegar al resultado. El que en séptimo  nos puso a leer La Ciencia de Kedrov. El que nos mostró que a través de las matemáticas y la ciencia, podemos llegar a ser lo que queramos. Gracias a él, amo los números y no me dan miedo. El profesor que impulsó a Bertel y a Vasquez a esforzarse y a trabajar duro para ser lo que son. 

Me duele su partida y lamento que en adelante, las siguientes generaciones, no puedan tener el privilegio de ser sus alumnos. 

Buen viaje, viejo Gordi. 

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