No se escribe sobre la muerte para sanar. Se escribe para sobrellevar los días que nunca volverán a ser como antes, para mantener vivo el recuerdo de alguien y para honrar lo que era. Escribir sobre la muerte y el dolor que provoca la ausencia es una forma también de encontrar preguntas y de vez en cuando hallar una señal que se toma como respuesta. Escudriñar en los hechos, repasar una y otra vez las últimas palabras que se cruzaron, los planes que quedaron pendientes, la vida que quedó por delante, el camino amplio y largo que no se anduvo nunca. Buscamos en las fotografías, en las palabras escritas, en la ropa, en lo último que dejó, en los espacios que habitó. Convertimos todo ello en un altar para enaltecer el último paso. Armamos un rompecabezas al que siempre le va a faltar la pieza del medio.
Pues bien, Cristina Rivera Garza escribió El invencible verano de Liliana para mostrar todo ese proceso. Un libro en el que denuncia el feminicidio de Liliana, su hermana, cuando ella tenía 20 años. Más allá de las respuestas que la autora quiere encontrar, se trata de la honra que se le hace a una mujer libre. Una mujer que no tuvo como tantas otras la posibilidad de salir de la violencia que se ejerce sobre nosotras por el hecho de ser mujeres.
En El invencible verano de Liliana resuenan la idea del amor, de las relaciones, del duelo, la injusticia y la de la impotencia. La culpa que sienten los que están alrededor por lo que no pudieron ver. Cristina nos lleva paso a paso por lo sucedido en el apartamento que habitó Liliana mientras estudiaba arquitectura en Ciudad de México. Con la dedicación de un historiador y arqueólogo, reconstruyó los días de Liliana desde su adolescencia y juventud, a través de lo que escribió en las cartas, notas y cuadernos. Liliana transcribió poemas, escribió cartas a sus amigos y amigas, mantuvo correspondencia con su padre y nunca dijo nada sobre lo que pasaba con su victimario.
Liliana escribía sobre el amor y el lenguaje le sirvió para liberarse. Para los compañeros de universidad, ella era la líder del grupo, la que amaba y cuidaba de todos y la que no quería estar sola. En uno de sus cuadernos transcribía apartados de libros que le gustaban, como aquellas famosas palabras de Albert Camus: “En mitad del invierno aprendía por fin que había en mí un verano invencible”.
Y esa muerte inesperada duele, como todas. Y duele diferente, desde la impunidad. No debía morir, como no debe morir ninguna mujer a manos de amigos, novios ni exparejas. Este invencible verano de Liliana busca solo una cosa: la libertad, incluso después de la muerte.




.jpeg)